Kylix. Sección de Poesía

Presentamos una selección de los textos que sobre poesía han aparecido en diversos números de Kylix. Se admitirán, para publicar en esta página, aquellos artículos sobre crítica literaria o de creación que el consejo de redacción evalúe y considere aceptables en razón a su calidad e interés.

Índice

1. José Ángel Valente
2. Rafael Guillén
3. María Beneyto
4. Emilio Prados
5. La Poesía española en el último cuarto del siglo XX
6. La Promocióndel 60
7. Poemas recientes...

No se permite la reproducción de textos o imágenes sin autorización escrita de Kylix. Revista de Literatura y Arte. Las ilustraciones son originales de Víctor García, y las fotografías de fototeca Kylix.


José Ángel Valente

José Ángel Valente, sin duda uno de los escritores españoles más importantes y significativos de la literatura española de postguerra, es también una de las personalidades intelectuales más relevantes y particulares de la cultura europea del siglo XX.

Nacido en Ourense el 25 de abril de 1929, vivió su infancia y su adolescencia en Galicia, en cuya Universidad comenzó a estudiar Derecho. En los años cuarenta publicó versos en gallego y se relacionó con el galleguismo cultural, actitud lingüística que rebrotará en los años ochenta con el poemario Sete cántigas de alén (1981), luego ampliado en Cántigas de alén (1989), y, con otros escritos en prosa de motivación galaica. Además Galicia -y, particularmente, su ciudad natal- tendrá una notoria presencia en su obra en castellano.

Instalado en Madrid en 1947, se licenció allí en Filología Románica y se vinculó a las más activas plataformas culturales de la postguerra en España, adoptando un lúcido y responsable posicionamiento crítico. Desde 1955 fue miembro del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Oxford, donde recibió el grado de Master of Arts, y, desde 1958, ejerció como funcionario de la Organización de las Naciones Unidas en Ginebra.

El inevitable distanciamiento de los mundillos culturales españoles y su consiguiente inmersión en el conjunto de la vida intelectual europea acentuaron más, si cabe, su serena independencia y su conexión con interesantes manifestaciones artísticas y literarias del continente, aunque en todo momento se mantuvo preocupado por la situación sociopolítica española en activa solidaridad antifranquista, como revela, por ejemplo, su colaboración con las iniciativas de los emigrantes gallegos, y no gallegos en Suiza.

A partir de 1975 residió, sucesivamente, en Collonges-sous-Saléve, localidad ubicada en la Alta Saboya francesa, y París. En 1985 se estableció en Almería, residencia ésta que desde entonces compagina con la ginebrina. Reconocido mundialmente en los más exigentes medios culturales como un creador y como un intelectual fundamental en el panorama europeo de fin del milenio, su presencia en la vida artística y literaria internacional es ya tan necesaria como imprescindible en lo ético y en lo estético.

La obra en verso de José Ángel Valente, muy personal e independiente, fue insertada con mayor o menor fortuna interpretativa, pero innegable perspectiva cronológica, en el llamado grupo poético de los años cincuenta o generación del medio siglo. Sin embargo, el permanente alejamiento físico e intelectual del poeta, la renovadora originalidad de su obra y la deliberada desconexión de uno y otra con respecto a dicho agrupamiento, hacen de José Angel Valente un autor único y singular, ajeno a toda escuela y a cualquier tendencia preestablecida. Se trata, en fin, de un poeta diferente, que, como ya se escribió, es lo mejor que se puede decir de un poeta.

En cuanto a su relación con la más fructífera avanzada artística europea, puede recordarse que es autor de libros de arte en colaboración con pintores como Antonio Saura (Emblemas, 1978), Antoni Tàpies (El péndulo inmóvil, 1982), Paul Rebeyrolle (Desaparición Figuras, 1982) o Jürgen Partenheimer (Raíz de lo cantable, 1991), así como con la fotógrafa Jeanne Chevalier (Calas, 1990).

Su primer libro, A modo de esperanza, obtuvo el Premio Adonais, mientras que el segundo, Poemas a Lázaro, recibió el Premio de la Crítica. Posteriormente se le concedió de nuevo el Premio de la Crítica, por Tres lecciones de tinieblas, el Premio de la Fundación Pablo Iglesias (1984), el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1988), Premio Nacional de Literatura (1993) y VII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, 1998.

Su poema: Serán ceniza...:

Cruzo un desierto y su secreta
desolación sin nombre.
El corazón
tiene la sequedad de la piedra
y los estallidos nocturnos
de su materia o de su nada.

Hay una luz remota, sin embargo,
y sé que no estoy solo;
aunque después de tanto y tanto no haya
ni un solo pensamiento
capaz contra la muerte,
no estoy solo.

Toco esta mano al fin que comparte mi vida
y en ella me confirmo
y tiento cuango amo,
lo levanto hacia el cielo
y aunque sea ceniza lo proclamo: ceniza.
Aunque sea ceniza cuanto tengo hasta ahora,
cuanto se me ha tendido a modo de esperanza.


Rafael Guillén

Rafael Guillén, nació en Granada en 1933. Le fue concedido el Premio Nacional de Literatura, en 1994 por Los estados transparentes, (Col. El Bardo. Barcelona, 1993), que meses antes había quedado finalista del Premio de la Crítica.

También obtuvo los premios Leopoldo Panero 1966, Guipúzcoa 1968, Boscán 1968 y ciudad de Barcelona 1969, entre otros.

De entre sus obras (más de una veintena de libros y antologías) se pueden destacar Los vientos (Ediciones de la Revista de Occidente. Madrid, 1970), Límites (Col. El Bardo. Barcelona, 1971), Moheda (Rev. Litoral. Torremolinos, 1979), y Mis amados odres viejos (Col. Adonais. Madrid, 1987). En 1998 se reedita Los estados transparentes, en nueva versión revisada y ampliada por el autor (Pre-textos, Poesía. Diputación de Granada).

La poesía es para mí una manera de respirar. Lo he dicho muchas veces: se vive en estado de poesía; que es muy distinto a ir de poeta por la vida.

De Apuntes inéditos sobre tiempo y espacio

[HAY EN EL TIEMPO DÁRSENAS...]

Hay en el tiempo dársenas
en las que el incesante devenir
fondea; remansos que detienen
el curso natural
de las horas. Son como remolinos
que absorben la energía
y la materia, libre,
recupera su ingravidez y el aire,
cristalizado inmoviliza
toda acción.

Y es que, a veces,
el tiempo también pierde
su tiempo. Después sigue
fluyendo, ajeno siempre
a nuestra condición. Pero nos deja
la desazón de este pequeño lapso
en que fuimos eternos.


María Beneyto

REIVINDICACIÓN DE LA POESÍA DE MARÍA BENEYTO

Ricardo Llopesa

El último libro de María Beneyto, titulado "El mar, desde la playa" (con el cual la Editorial Capitelium inicia su andar por la poesía bajo la dirección del poeta Josep Carles Laínez), supone todo un acontecimiento en la trayectoria de esta magnífica poeta que ha sufrido momentos de silencio, cuando su lugar en la poesía es un sólido pedestal con pies de mujer sustentado por la alta calidad de su escritura.

Yo conocí a María Beneyto a finales del año 67, cuando llegué a Valencia huyendo de las nieves frías de Grenoble. Mi primer amigo fue un médico malagueño, José Guerrero, empedernido lector de poesía, a quien le pregunté por el mejor poeta de la ciudad. "No es hombre, es una mujer, y se llama María Beneyto", me respondió. En la Librería París-Valencia compré su poesía en pastas blancas y duras de Plaza y Janés. Yo nunca la conocí personalmente, hasta ya comenzada la década de los 90. Pero conocía su obra y la admiraba. Era una mujer valiente que había escrito poesía social, en el momento más difícil durante la España del franquismo. Poseía una extraordinaria sensibilidad. Figuraba en una enorme antología de poesía femenina que había reunido Carmen Conde. Pero, lo que más admiraba era su sobria exquisitez para contener el verso, para que la idea no rebasara el verso, en una época en que la palabra era barata y se manejaba a precio de saldo.

Treinta años después del primer encuentro con María Beneyto, a raíz de la publicación de su último libro, me pregunto, ¿cómo es posible que sea capaz de ser moderna y más actual que muchos poetas jóvenes? Pienso en José Hierro, español, y en Pablo Antonio Cuadra, nicaragüense. Dos poetas de poesía renovada y nueva. Pienso en aquello de que el poeta es joven e inexperto y, por contra, viejo, para ser gran poeta. Es posible que los años den al poeta esa visión de claridad de que carece la juventud, y también es posible que la voz de los mayores responda a una llamada oculta por descifrar los caminos del laberinto del espíritu.

Lo cierto es que María Beneyto es la única mujer en toda la poesía valenciana del siglo XX que tiene ganado su puesto en la memoria de los siglos venideros.

No es la única mujer poeta, pero ninguna está a su altura. Y lo siento al decir esta verdad, pero María Beneyto sólo existe una.

Al hablar de ella se le encasilla en la mal llamada "generación del 50", pero una poeta como ella escapa de estos encasillamientos, porque su poesía trasciende la época. En su juventud, cuando María Beneyto empezó a codearse con los grandes de su tiempo, es posible que ella se sintiera identificada con esa etiqueta. Pero, hoy, en la cúspide de su vida, cuando su poesía es capaz de romper los límites del tiempo y la estética, su arte de escribir es como una inmensa isla solitaria. Los grandes poetas escapan de etiquetajes. A lo largo de su vida ha escrito la poesía que exigían las circunstancias del momento, y como poeta viene desde el compromiso social -que como mujer pensante asumió durante los años de la oscuridad y la ceguera que tristemente vivió España durante cuatro largas décadas-, hasta desembocar en una poesía nueva, experimental en tanto que se ha distanciado de los ritmos tradicionales que todavía hoy siguen haciendo estragos en la (mala) poesía española.

Este cambio, esta evolución, tiene un precio, que es tocar con el simple verso la altura de la modernidad.

"El mar, desde la playa" es eso, un libro moderno. Aquí podríamos aplicar el término moderno en la definición que dieron los académicos a finales del XIX, cuando afirmaban que lo moderno era lo que estaba contra lo viejo. Y en realidad, este libro María Beneyto cumple en su finalidad este objetivo.

En primer lugar, porque utiliza el verso libre con la misma libertad que lo hace la juventud. Recuérdese que el verso libre en España se abrió paso a empujones y con mucha dificultad hasta muy entrada la segunda mitad del siglo XX, y que para escribir verso libre había que sentirse progresista y moderno. Lo cual era una postura incómoda dentro de una sociedad tradicionalista que tenía el defecto de señalar con el dedo a quienes se apartaban del camino marcado por la mayoría. Incluso me atrevería a decir que el verso libre era visto como una irreverencia a la iglesia y al estado, y un insulto a la tradición clásica.

En segundo lugar, la poesía de María Beneyto, en la plenitud de su madurez, utiliza por primera vez el tema del amor después de tantos libros publicados. El tema más ausente de su poesía, como es el amor, no se dio en los dorados años de la juventud, cuando el corazón late de emoción. Y esto es digno de ser apuntado, porque todos los poetas se inician secándose espinas de amor hasta que encuentran el camino verdadero de su inspiración. El caso de María Beneyto es sorprendente y único. Conmueve leer versos de amor escritos en la madurez y sentimos trasladados a la emoción de la adolescencia.

Estas dos razones son suficientes para pensar que María Beneyto es una poeta responsable con su actitud de poeta, consecuente con su pensamiento y reflexiva en sus preocupaciones éticas y estéticas.

Nació en Valencia en 1925 y ha dedicado más de medio siglo a la poesía. Su primer libro apareció en 1952 y a excepción de la década de los años 80, su poesía ha tenido una continuidad rigurosa. Entre 1976 y 1993 hay un silencio de más de tres décadas, que se sitúan dentro de los años del gobierno socialista. ¿Qué ocurría por entonces en la cultura valenciana para que esta poeta fuese relegada de la escena poética, y por qué? Es una pregunta que sólo los políticos podrían responder. Lo más extraño es que aquella mujer que había luchado contra el goliat de la dictadura, de pronto, durante los primeros años victoriosos de la democracia fue postergada a vivir el exilio interior.

María Beneyto concluye medio siglo de creación casi con el nuevo milenio, con veinte libros de poesía publicados, escritos en castellano y en valenciano, y cuatro novelas. Ha obtenido los más importantes premios como el Ciudad de Murcia de novela en 1968 y el Ausias March del Ayuntamiento de Gandía en 1976. Pero, los reconocimientos oficiales llegan a su vida con el prestigioso Premio de las Letras Valencianas de la Generalitat Valenciana en 1992. Luego ha sido Premio de la Crítica de la Comunidad Valenciana en 1996. Además, varias bibliotecas y una plaza de Valencia llevan su nombre: "María Beneyto".

Con este carisma de una personalidad sorprendente, María Beneyto afronta la escritura de su último libro con la humildad de la palabra limpia, haciendo del lenguaje una vanidad de coqueterías, propio del poeta que domina la lengua y el tejido de la poesía culta.

El libro está dividido en tres partes, complementarias entre sí, para formar una unidad coherente que reside en la mirada de la poeta.

La primera, lleva por título "Desde lejos" y la integran ocho poemas. "Calle de la Bailía, número uno" -el primero del libro- define la estructura y el intimismo del libro. El primer verso dice: "Era la casa. La calle. El número.", y su lectura nos recuerda la teoría del verso moderno propuesta por Rimbaud, para quien el verso debía producir fracturas y segmentación, con el fin de abolir la idea lineal y discursiva. De este modo un solo verso es capaz de tener varias connotaciones. Lo había hecho Enri Murger en la novela "Escenas de la vida bohemia", precediendo las teorías simbolistas que estaban por llegar. Pero, en la casa materna de María Beneyto, que es España, ya se había producido mucho antes ese fenómeno literario en los versos desgarrados de Góngora.

Más tarde el decadentismo (léase "decadente", el movimiento francés después del simbolismo) aportó la cuestión silábica, los sonidos correspondientes al artificio por medio del cual el poeta es capaz de explorar el ritmo de la palabra, a través del sonido de la sílaba vocálica o consonántica.

¿Es María Beneyto decadente?

El verso de ella, antes citado, es decadente. Se corresponde con la lógica de la idea y el sonido defendido por los decadentes ("Era la casa. La calle. El número"). Esta es una de las razones que enfrentó al 98, conservador y tradicional, con el modernismo y los nuevos cambios que venían de Francia. La cuestión era romper con las formas expresivas del pasado, con el discurso, con las oraciones largas y lentas. Se trataba de aportar a la poesía el ritmo de la vida moderna, con su nueva mecánica llena de automóviles y moviletas, el ritmo del trabajo en las fábricas y lo que supuso la industrialización.

Pero, esta capacidad de síntesis, de concreción, que hay en la poesía de María Beneyto la encontramos en sus poemas del pasado. Esto quiere decir que María Beneyto es una poeta dotada por naturaleza para la poesía, capaz de haber percibido desde joven el ritmo moderno. El poema "Nocturno de la cárcel de mujeres" de su libro "Poemas de la ciudad", publicado en 1956, ofrece testimonio de esa preocupación, propia de los grandes poetas, cuando dice: "Sueñan con las navajas,/ con el veneno y el disparo cierto:/ un lago de ternura intemperante,/ un alarido de silencio en sombra".

Es fácil establecer las diferencias y las semejanzas entre ambos textos citados. Ver su evolución. El cambio que opera la poesía de María Beneyto, en constante evolución y madurez.

Transcribo el primer apartado del poema citado, "Calle de la Bailía, número uno", para comprender la estructura, la capacidad de síntesis, la riqueza de contenido, el ritmo y el sonido de la poesía:

Era la casa. La calle. El número.
Entresuelo. Cerca de la acera.
Avell, que era un gato enorme
de color avellana, se fue antes
que ellos, que nosotros.
Era la casa. Y alguien que escribía
-muchachita aprendiza de mujer,
mujer que regresaba y no sabía apenas
de qué suelo venía- mensajera
amanuense,
hablándole en silencio a la distancia.

A decir verdad, las características de estos versos libres son contrarias al facilismo y la improvisación, a la avalancha de tanta poesía falta de rigor y sensatez, y a la sordera producida por el excesivo ruido de las aliteraciones como por la afonía producida por el uso de palabras de rutina. Los versos de María Beneyto son versos de hierro, como proclamaba para la poesía el francés Dèroulade o el mexicano Díaz Mirón.

El poema está dividido en siete apartados. Se trata, pues, de un poema extenso que podría caer en lo meramente discursivo, pero las características arriba señaladas, más el uso de un lenguaje de imágenes nuevas, hacen de éste texto uno de los más bellos poemas escritos en la poesía española del siglo XX.

El poema arrastra un poco de sentimentalismo y de romanticismo, pero es capaz por medio del lenguaje que lo impregna de superar los parámetros de cierta poesía de la sentimentalidad, que a fuerza de caer en la monotonía terminar por disgustar. En este sentido el lector inteligente por sí mismo es capaz de establecer la diferencia entre lo bueno y lo mediocre.

Cuando en un libro hay un gran poema, como "Calle de la Bailía, número uno" de María Beneyto, el libro queda justificado y recompensado.

Avanzando la lectura, el lector encuentra varias sorpresas y descubre que la calidad del libro se mantiene de principio a final. El poema "Leves y escasos temas" de la segunda parte titulada "Del tiempo que hoy me vive", es otro ejemplo de exquisitez de una poeta que utiliza la segunda persona para convertir su discurso poético en lenguaje coloquial culto.

El poema es el agotamiento de lo cotidiano. La autora poetiza lo que parece absurdo ser poético, como la convivencia con animales, cuando dice: "Ojos de rata, hocicos/ de rata, miran, huelen, secretamente viven/ acechando/ los festines de boda". Son los ojos de las ratas testigos únicos del amor que la moral reserva entre cuatro paredes. Más adelante, hace un juego de aliteración, recurriendo a la palabra en desuso "ubérrimo", que dicha en otro contexto hubiese resultado pedante, y aquí recobra el sentido de "raza", lo que la palabra tiene de significación en el famoso verso de Rubén Darío ("¡ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda!"), cuando María Beneyto dice: "reseño una noticia de la tele/ perra/ de raza ubérrima y pedigrí absoluto/ dio a luz doce cachorros/ que ladran alemán, pues son -serán- pastores/ de sus amos, gentiles descendientes/ de los que en Auschwitz dieron gas selecto/ a selecta clientela..."

Los versos no tienen desperdicio, porque en un espacio mínimo la crítica se centra en lo absurdo que a veces son los noticieros españoles, reseñando noticias banales, y que la poeta lleva hacia su terreno de denuncia social conectando con el pasado sangriento de los campos de concentración nazis.

En los versos de María Beneyto sigue vivo su espíritu crítico haciendo alusión a la guerra, como para que no olvidemos lo doloroso del pasado, el sufrimiento de esa lluvia de fuego que ella conoció en el paso de su infancia a la adolescencia.

Otro poema que el lector tiene la obligación de leer es el titulado "Cotidiana llegada" de la tercera y última parte del libro, la más breve, que recoge tres poemas bajo el nombre de "Amor para la muerte en el principio y también al final". Poema memorable por la delicadeza de las palabras y la belleza de las imágenes. Todo él es un poema de silencios y alusiones, de una belleza aplastante, donde las expresiones metafóricas se suceden dándole al verso un significado nuevo, de iluminación. Este efecto hace que el poema tenga una doble estructura: la lectura lineal que se describe, y la lectura simbólica que se transparenta.

Para terminar, he de confesar que no conozco la obra completa de María Beneyto, pero entre lo que de ella conozco, este libro, "El mar, desde la playa", me parece su mejor libro. Un libro que confirma su vocación, su prestigio y su presencia de varias décadas en la poesía española.


Emilio Prados

(De "Emilio Prados en un rompecabezas con siete estampas",
Antonio García Velasco.

IV estampa (Sin título)

Advierte como si se tratara de montar el escenario de una obra teatral: "Toda la estampa se verá algo quebrada como imagen de un espejo malo. El exceso de azogue se sentirá hasta dentro de nosotros mismos".

Realmente nos ofrece una escena inquietante en un paisaje que invita al desasosiego: montañas cubiertas de "higueras secas, retorcidas y desesperadas", el cielo desfalleciente y con nubes olvidadas como husos olvidados y, junto a una piedra oscura, un fraile sarmentoso cubierto con un sayal gris, inmóvil y revoloteado por multitud de insectos de todas clases. "Su voz suena como el aliento":

¡Cómo ahonda la raíz en la Tierra!
¡Cómo se clava en el viento la rama!

Aparece una bandada de buitres:

¡Cómo ahonda mi raíz en la Tierra!
¡Cómo se clavan en el viento mis ramas!

Quiere decir que el fraile se ha transformado en vegetal. Aparece una bandada de gallos que se mezcla a la de buitres. El fraile se siente inútil: "Entre nube y arena, / mi cuerpo / es una inútil lanza. // Mis armas ya deshechas... (Vuelan los gallos y los buitres) y la Inutilidad / -como gota de cera- / en mi alma cuajada". A partir de ese momento, "Se quiebra el fraile por la cintura y se vacía como un pellejo inflado. Su piel orugada desaparece, mitad entre las nubes, mitad bajo tierra. Los insectos se marchan en todas direcciones y donde estaba el fraile aparece bailando una peonza de música. El Sol, de papel escarlata". Termina la estampa.

Si buscamos la simbología del buitre nos encontramos desde enfermedad grave hasta, como interpretó Freud, la madre, quizás la madre naturaleza, y la imagen del andrógino. El gallo, por su parte, se relaciona con las intenciones viriles, tanto sexuales como de vigilancia y actividad. Representa también el orgullo y, puesto que su canto anuncia la salida del sol, se considera símbolo de éste, símbolo de la luz naciente y atributo de Apolo. Otra interpretación es la de guía en el paso al otro mundo, dada al considerar que Sócrates, cuando va a morir, le recuerda a Critón que sacrifique un gallo a Asclepios para que le conduzca el alma a la nueva luz.

Con independencia de los simbolismos, podemos ver un proceso de decrepitud que acaba en la descomposición total: los instintos y las cualidades han quedado anquilosadas y se siente la inutilidad de una vida: "...y entre meditación y llanto / enmoheció mi carne... // En equilibrio perfecto, / sujeto entre dos imanes, / mi cuerpo / -como una aguja- / lágrima inútil del aire".

¿Nos pone en entredicho la "utilidad" de la vida de los frailes, de ciertos frailes? ¿Critica ciertos instintos -buitre y gallo- condicionantes de la vida religiosa? ¿Por qué, al morir el fraile, aparece una peonza de música? El poeta se limita a presentarnos una escena con todos los ingredientes de los cuadros surrealistas.


La Poesía española en el último cuarto del siglo XX

La poesía española en el último cuarto del siglo XX

Antonio García Velasco

1. Introducción

En 1975, al inicio precisamente de este último cuarto de siglo, publiqué mi primer libro de poesía, Fuego sordo. Pero me he ocupado más de hablar de los libros de otros que de promocionar mi propia obra. He tratado a los poetas más cercanos como a clásicos, estudiándolos con el mismo rigor y con la misma devoción que la poesía merece. Pero, aún así, me gusta más hablar de poesía que de poetas. Y de poesía hablaremos, puesto que tales preferencias me evitarán convertir estas páginas en un listín telefónico o en obra de un gran reparto y de un pobre argumento.

De tal afición a la poesía, sean quienes sean sus autores, me viene la tentación (y las notas que pueblan mis ficheros) de escribir La antología funcional de la poesía actual. Lo de funcional es sólo una nota de distinción, porque la poesía antologada o "inantologada", no sirve para nada, es decir, no es funcional, pero es imprescindible, o sea, tiene una función que no podemos ni ignorar ni eludir. Función para la vida. Función para el amor. Otra cosa son los poetas. Y, otra bien distinta, las antologías.

2. Antologías, muestras y etiquetas Cuando la hora del siglo inicia su último cuarto, la poesía quiere ser (seguir siendo) novísima castelletiana, un invento de márquetin que llegó a los libros de texto del Bachillerato y Cou. Se pretendía superado el realismo social de los 50. Se pretendía superada la superación del realismo social de los sesenta y lo "novísimo" era hablar en los poemas de personajes de cine, de la cultura anglosajona, de la novela negra y de vivencias propias de ficción o de plantes (poses) bohemios o/y malditos. Todo ello, de vez en cuando, pintarrajeado de abstracción, surrealismo, metapoesía y/o intelectualismo.

Una de las características de la poesía oficial (normalmente el descarte de la poesía) o reconocida por ciertos críticos oficiantes de sumos sacerdotes de la Literatura es que se considera la única por algunos de los poetas interesados e integrados en la misma, algunos críticos de límites estrechos y algunos profesores que aceptan sin más los que les llega. Quiero decir con esto que en las recopilaciones o antologías al uso nunca están todos los que son ni son todos los que están. Tal evento es propio de cualquier época, pero en este cuarto de hora secular, a causa de las facilidades de edición y las innumerables apariciones de títulos, las dimensiones del hecho son inabarcables, lo que quiere decir que lo oficial suele tener valores limitadísimos y siempre falsos si se creen exclusivos

. Naturalmente el ser humano se deja influir por lo que se cree voz autorizada. Necesita que alguien le diga Sesto es lo bueno", "este poeta vale", "este poeta merece el premio y las honras". Pero no siempre responden las indicaciones a criterios de calidad. Y, en muchos casos, hasta los falsean. Pero, por otra parte, hay que reconocer que a los lectores actuales interesa poco la poesía.

En un afán de clarificación, no falto de cierto resentimiento, ciertos críticos poetas o poetas y críticos inventaron dos facciones en la poesía actual: los poetas de la "experiencia" y los poetas de la "diferencia". El etiquetado funciona siempre y la expresión hizo fortuna, si bien, pasado el tiempo, no clarifique demasiado, sobre todo a la hora de encuadrar a unos y a otros en la "experiencia" o en la "diferencia". Se pretendía que los primeros estaban cercanos al poder político, había sido mimados y protegidos por las instituciones del período de gobierno "psoelista", habían acaparado premios y prebendas oficiales y poseían todos unas similitudes estéticas, tales como cierto prosaísmo en la expresión y una temática recogedora del anecdotario (experiencia) personal, vivido desde una más o menos manifiesta intelectualidad. Los otros, por el contrario, habían sido marginados de premios e instituciones culturales y su poesía discurría por caminos muy variados (diferentes) que proponían ser los de la Poesía (ahora con mayúscula) de siempre. Para aquéllos se reservaba el calificativos de "clónicos" y en éstos se debía ver la "originalidad" y la apertura a caminos nuevos que siempre habían caracterizado a la Poesía frente a otros géneros literarios.

Pero las cosas nunca han sido tan simples y, por otra parte, todo etiquetado es una simplificación falseadora de la realidad, aunque constituya un plano que ayuda a recorrer los caminos de la realidad lírica.

Quedemos, pues, en que las antologías al uso y al abuso, aunque lleven el membrete (otra etiqueta) de "consultadas" no reúnen más que a un grupo de autores que estaban circunstancialmente en cierto lugar, pero nunca los mejores de todos y cada uno de los lugares. Estos lugares o circunstancias pueden ser el haber publicado en ciertas colecciones, el ejercer ciertas profesiones facilitadoras de relaciones y/o el mérito personal de saber hacerse presente. Son necesarias ciertas sombras de ciertos árboles para ser reconocido poeta. Los ejemplos podrían ser elocuentes. Pero no procede contarlos en esta ocasión. Necesitamos un estudio amplio, profundo, serio, sin prejuicios, partiendo de la totalidad del corpus de la poesía actual para sacar conclusiones válidas acerca de lo que ha sido la poesía en este último cuarto de siglo. Mientras llega tal estudio clarificador o llega el tiempo "mejor antólogo" que no veremos nosotros, hemos de admitir que nos movemos por camarillas (cuadras, decía algún crítico) poéticas y cada una defiende su parcela, proclama que sus afines son los mejores o únicos poetas y los protege, los describe, los recomienda para premios y publicaciones. Y sucesivamente. Quizás lo humano sea de tal manera y pretender cambiarlo sea lanzarse desde cualquier lugar de la Mancha o de la Andalucía, la Castilla o la Cataluña (y la lista sigue) a enderezar supuestos (presuntos) entuertos desde un caballo famélico y con una lanza o pluma de tronco de alcornoque.

A veces se hacen invitaciones masivas a participar en homenajes o proclamas líricas sobre cualquier tema o acontecimiento. Los poetas que se creen excelsos y magníficos suelen abstenerse, como si "estar junto a" otros fuese una mancha denigrante o temieran la comparación en desacierto frente a otros no reconocidos y que en tal ocasión aciertan. Lo digo porque, para los estudiosos, este tipo de muestras abiertas suele carecer de interés. Sin embargo constituyen síntomas e indicios de lo que son "ecos" o voces, "ecos" originales o voces clónicas que se anclaron en cualquier modelo anterior. "Sé original, muchacho, sigue la tradición", decía Juan Ramón Jiménez. Pero hay voces que pretenden ser originales y resultan un remedo deteriorado de lo que se había escrito en otros tiempos. Y hay voces que parecen imitación pero aportan el sello, el gesto, el punto de la genialidad.

Lo peor en cualquier actividad humana es la impostura, la falta de autenticidad. En la poesía es peor aún y, entre los poetas hay y ha habido siempre mucho camelo, es decir, mucha impostura e inautencidad. En tal sentido, podría hacerse una antología amplia de versos que pretenden ser magníficos a base de ocultar el referente desde la justificación de que en la poesía no hay que explicar nada y, por tanto, no es preciso que digan algo claro y comprensible.

Pero vayamos a mostrar tendencias de la poesía que se escribe y/o ha escrito en este período de tiempo que nos ocupa. En un principio los ejemplos ilustraban las afirmaciones, pero las citas desbordaban las dimensiones fijadas para este trabajo y ha sido preciso que nos quedemos en el anuncio, en espera de otras ocasiones.

3. Recursos, tendencias, temas de la poesía en el último cuarto de siglo:

Sin mostrar orígenes, influencias ni evoluciones, podemos encontrar en estos últimos veinticinco años:

a) Poesía de la recreación prosopopéyica
Constituye una tendencia en la que el poeta habla desde la supuesta perspectiva de un personaje histórico o ficticio. Dicho de otra manera, el autor presta su voz al personaje que se expresa desde la lejanía temporal y/o espacial o, simplemente, se dirige a él.
b) Recreación histórica
El poeta, como ya hicieran los románticos o los modernistas, recrea un hecho histórico, más o menos lejano en el tiempo. Naturalmente, el espíritu de la recreación es distinto al de los autores de las mencionadas tendencias.
c) Mitología clásica/ mitos modernos
Si bien la mitología clásica sigue vigente, ya como tema, ya como recurso, alusión o rasgo argumental, también los mitos nuevos creados por el cine o la televisión aparecen en la poesía que se inicia en los setenta.
d) Declaraciones de amor
El amor es el tema lírico por excelencia. Y los ejemplos que ilustran esta tendencia o temática llenarían un voluminoso libro.
e) La temática de la propia escritura poética
Los poetas suelen escribir, reflexionar en poemas, sobre la propia escritura, sobre la propia poesía. Encontramos ejemplos en los que el tema de la escritura aparece con rasgos más o menos distintos, más o menos similares al modo manierista.
f) La anécdotas y/o actitudes personales
La inclusión de anecdotario personal presentado como tal, fue una de las justificaciones de la etiqueta "poesía de la experiencia". Algunos autores han desarrollado tales temas desde la ironía, desde el punto sarcástico y, sobre todo, en muchos casos, presentándose como "víctima": de la represión político-social, del desamor, de los convencionalismos...
g) Crítica social
Si los años cincuenta representan el auge de la poesía social, no por ello en este último cuarto de hora secular se ha dejado de cultivar el tema de la denuncia, de la sátira social, desde supuestos más o menos marcados por una determinada ideología o desde un idealismo utópico.
h) Recuerdos de la infancia
Se ha proclamado que el paraíso perdido es la infancia. Al mito de la infancia o a la infancia mitificada se vuelve con frecuencia en cierta poesía actual.
i) Vuelta al lugar de origen (emigración y retorno)
La emigración (a otras regiones o a países europeos) marcó los años cincuenta y parte de los sesenta. Los hijos de aquellos emigrantes o los propios emigrados se han ocupado de escribir de los orígenes y de la vuelta a los mismos. Todo ello desde la conciencia de que, en otro tiempo, tuvieron que abandonar su lares.
j) Paisajes urbanos, artísticos, momentos en lugares lejanos (viajes)
Los viajes y lo visto en las ciudades visitadas (extranjeras sobre todo, italianas u orientales de manera especial) constituye el tema, a veces a falta de otro mejor, de notables poemas actuales.
k) Truculencias o tremendismo (historias del cutrismo y la marginación)
Las historias tremebundas (alcohol, sangre, sexo duro, desesperación) ha dado lugar a toda una saga de libros y últimamente a una feroz antología.
l) Erotismo
El erotismo en poesía puede convertirse en una denotación de actos u órganos sexuales. Pero se ha intentado el erotismo como tema lírico y, en ocasiones, se han conseguido poemas de gran calidad.
m) Imposturas culturalistas, surrealistas
El surrealismo, o lo entendido como tal (imágenes caprichosas, injustificadas estéticamente, herméticas), es tanto un recurso o técnica como una línea de escritura que trata de enlazar con la corriente creada en los años veinte.
n) Otras manifestaciones: la poesía visual, la poesía experimental
La poesía visual, potenciada con el vanguardismo de principios de siglo, sigue teniendo vida y obra en este final de siglo. Merecería un capítulo propio y muy amplio. Junto a la poesía visual, otras formas de vanguardia.
... y x)
Dejemos unos puntos suspensivos y una incógnita para acabar esta relación. Con ello afirmamos que la poesía, pese a su distancia del público general, sigue viva y alentadora de obras originales. Por otra parte, ninguna época ha desarrollado más creatividad lingüística y multimedia como desarrolla la publicidad en la nuestra. Pero esto es otro tema.
4. Otras características de la poesía actual
En cuanto a la forma, en la poesía de nuestro tiempo, se distinguen claramente dos tendencias: empleo del verso libre y empleo de formas estróficas clásicas, sobre todo del soneto. Sería larga la enumeración de aciertos y desaciertos en una y otra forma de entender la expresión poética.
5. Conclusión
No nos hemos propuesto distinguir entre poesía de varones o mujeres. Pero hemos de reconocer que aún existen más poetas entre aquéllos que entre éstas, si bien, y con más fuerza lírica y calidad cada vez, las mujeres están presentes en el panorama poético actual. Sus frutos se conocerán y reconocerán.

Terminemos declarando que este ensayo puede ser la introducción a otro mucho más extenso en el que se ejemplifiquen todas y cada una de las afirmaciones presentadas. Ya habrá ocasiones de completar este panorama que hoy ofrecemos. Así sea.

Digamos también que si la Poesía es un bien cultural, desde la escuela, desde los medios de comunicación sería de justicia potenciar su lectura, enseñar a leerla y no seguir privando a tantas personas del gran gozo estético que esta forma de expresión proporciona.


La promoción del 60

PROMOCIÓN DEL 60 UNA APROXIMACIÓN TEÓRICA

Francisco Morales Lomas

¿Generación o Promoción?

Desde que en 1930 el profesor alemán Julius Petersen publica en Zurich el libro "Die Philosophie der Literaturwissenschaft" (traducido al castellano por Eugenio Imaz, FCE, Méjico, 1946), muchos han sido los ensayos que, partiendo de sus concepciones teóricas sobre el hecho generacional, han aplicado este método desde un punto de vista didáctico a la agrupación de escritores. Cuatro años más tarde, en 1934, Ortega y Gasset en la obra "El tema de nuestro tiempo" definía el concepto de generación al decir que "es una variedad humana, en el sentido riguroso que dan a este término los naturalistas. Los miembros de ella vienen al mundo dotados de ciertos caracteres típicos, que les prestan una fisonomía común, diferenciándolos de la generación anterior". Este concepto de generación strictu sensu abarcaría un período de quince años partiendo, como decía Petersen, de la coincidencia o contigüidad en las fechas de nacimiento.

El tan socorrido término de generación se ha convertido en muchas ocasiones en un cajón de sastre de difícil encaje. Cuando nos referimos a los poetas del 60 habría que desterrar este término, a pesar de que algunos de ellos, por ejemplo, J. Hilario Tundidor, lo ha empleado para referirse a un grupo muy definido de escritores, así como Héctor Carrión en su obra Poesía del 60. Cinco poetas preferentes, donde dice que el grupo de poetas estudiados por él "pueden ser considerados integrantes de una generación en el sentido que este término conlleva de ruptura".

Otros autores más recientemente, al clasificar la realidad poética a partir de los cincuenta prefieren utilizar los términos "promoción" (Antonio Hernández, García Jambrina) o "década" (García Martín siguiendo a Martínez Cachero), incluso simplemente "grupo" (Pilar Palomo), "tendencias", etc., y los hay también (José Luis Cano, Pedro Provencio) que prefieren seguir utilizando el término "generación".

El concepto de "promoción" se podría definir, siguiendo a García Jambrina, como "un conjunto más o menos numeroso de autores nacidos y educados en un mismo contexto histórico que se agrupan o son agrupados en un momento dado para promocionarse y darse a conocer dentro del mundo literario, lo cual exige su autoafirmación frente a otros grupos anteriores o coetáneos". Hecha la salvedad del contexto histórico, para la existencia de una "promoción" se necesita, pues, una cierta voluntad ajena al grupo que determine didáctica e hipotéticamente una agrupación promocional o incluso una actitud endógena del grupo con intención de desvincularse de otros. Sin embargo, no tendría ningún sentido considerar el concepto "promoción" sólo como un instrumento de marketing literario, activación o impulso de un fenómeno artificial en el que no existen rasgos comunes, pues obviamente estaría vacío de contenido.

Desde mi punto de vista, se necesita una cierta univocidad de sus miembros o de gran parte de ellos en una línea estética determinada, que obviamente nunca significará una mimesis creativa, pero sí un acercamiento sobre posturas estéticas. Y en el caso de la Promoción del 60, como veremos más adelante, se dan algunas de esas condiciones tanto endógenas como exógenas, sin que lleguen a los rasgos dominantes que señalaba Petersen para considerarla generación.

El concepto teórico "década" fue utilizado por Martínez Cachero para aplicarlo a la novelística española de posguerra. En el ámbito de la lírica lo retoma García Martín que lo defiende porque, según él, permitiría que ningún poeta resultara marginado. Sin embargo, el concepto marginación es evidente que no depende de criterios teóricos de clasificación sino que son muchas variables las que intervienen, entre otras los gustos estéticos en un momento determinado de la historia literaria. De esta manera, el concepto "década" es un criterio de clasificación más, como tantos otros que permite un estudio sistemático, que se desvincula de cualquier propuesta de uniformidad y apuesta más bien por la objetividad de la cronología. No obstante, también el autor ovetense ha utilizado en algunas ocasiones el concepto generación para aplicarlo a otras décadas que ofrecen muchas dudas, verbigracia su obra La generación de los ochenta.

Aunque es verdad que los márgenes generacionales entre el 50 y el 60 no están claramente definidos, quizá por esa sensación de confusión inicial que pueda existir en el joven creador que inicia su etapa lírica y no tiene muy claros sus referentes o es relativamente fácil continuar lo que se hacía en una etapa anterior. Este hecho permite considerar que muchas veces es confuso y difícil desde el punto de vista de las fechas de publicación tomar la decisión de "¿Por qué incluir a C. Sahagún y F. Brines entre los del 50, cuando inician su escritura en torno a los mismos años que R. Soto Vergés, J.H. Tundidor y M. Fernández?", o diferenciar los miembros de la Promoción del 60 y los Novísimos con absoluta diafanidad. Algunos, caso de J. Miguel Ullán han sido incluidos en ambos a la vez. Cuando nos referimos a este grupo de poetas no queremos hablar de generación y sí al término de promoción, que es, desde nuestro punto de vista, el más correcto, aun a pesar de las palabras de Jesús Hilario Tundidor ya citadas.

Creo que es el término preciso que debe ser aplicado a estos poetas, fundamentalmente por esa especial voluntad fundacional que realizan en 1987, algunos de ellos, cuando se reúnen para expresar públicamente su mutua vinculación y sus relaciones, a pesar de las disparidades personales, aunque es verdad que desde la aparición del primer libro en 1960 hasta 1987, año en que se reúnen en Zamora con una intención clara de agrupación promocional, ha transcurrido la friolera de veintisiete años. No obstante, desde 1979 Ángel García López había hablado reiteradas veces de una cierta uniformidad en el grupo o promoción.

Este grupo con voluntad de cierta unidad estuvo formado por Joaquín Benito de Lucas, Miguel Fernández, Ángel García López, Antonio Hernández, Diego Jesús Jiménez, Manuel Ríos Ruiz, Félix Grande, Jesús Hilario Tundidor y Rafael Soto Vergés -que se incorpora oficialmente al grupo un año más tarde, a través de un acto de lectura celebrado en el Ateneo de Madrid- quienes con matices están de acuerdo en esa voluntad promocional y en unas especificidades que los apartan de la Generación de los 50 y de los Novísimos, fundamentalmente en la aparición del neoexistencialismo y el neorromanticismo y en la ausencia del culturalismo posterior.

Estos actos de acercamiento de los miembros del grupo se irán sucediendo a lo largo de los siguientes años. Los pormenores de éste y otros encuentros que se sucedieron fueron recogidos por la profesora Pilar Palomo. No obstante, no son todos los que están, porque la nómina es más amplia, pero sí existiría un núcleo inicial y una voluntad de integración y abundantes declaraciones de los miembros de este grupo en este sentido.

¿Quiénes forman la Promoción del 60?

Hecha la salvedad de que este estudio es una Aproximación teórica, habría que decir que, desde un punto de vista numérico y objetivo, los poetas que incluimos dentro de la Promoción del 60 compondrían una extensa nómina de escritores que comienzan a escribir de un modo general, y salvo algunas excepciones, a comienzos de esa década, y entre ellos habría que citar a todos los que escriben su primer libro antes del simbólico año de 1966, fecha de aparición de "Arde el mar" de Pere Gimferrer con el que se inicia una nueva etapa de la lírica española, consolidada a partir del 68, año en el que coinciden múltiples publicaciones de los escritores que Castellet incluyó en 1970 en su obra Nueve novísimos poetas españoles y que serían recogidos años después por R.M. Pereda y C.G.del Moral en su Joven Poesía Española (1980).

El crítico y poeta Miguel Galanes, que citaba como miembros de lo que llama Generación del 60 a Ríos Ruiz, Tundidor, García López, Benito de Lucas, A. Hernández, Diego Jesús Jiménez y Soto Verges, añadía que esta generación coincide en fechas de edición "con dos grupos contrapuestos y sobrevalorados en su difusión: el grupo Claraboya y el grupo Novísimo" como ya dijimos anteriormente.

En este sentido hay que señalar que, aparte de los poetas citados en el objeto de este estudio, a partir de los años sesenta y hasta que aparece en 1966 la obra citada de Gimferrer publican una serie de autores cuya obra significa una apertura: F. Brines ("Las brasas", 1960), Carmen Conde ("Derribado arcángel", 1960), J. Caro Romero ("Espinas en los ojos", 1960 y "El transeúnte", en 1962), J. Uceta ("El corro de las horas", 1961), Ricardo Defargues ("El arbusto", 1961), J. Marco ("Fiesta en la calle", 1961 y "Abrir una ventana a veces no es sencillo" en 1965), Alberto Barasoain ("Juan es la voz", 1962), Antonio Carvajal ("Casi una fantasía", 1963), L. Jiménez Martos ("Por distinta luz", 1963), F. Ferrer Lerín ("De las condiciones humanas", 1964), Clara Janés ("Las estrellas vencidas", 1964), Ana María Navales ("Silencio es amor", 1965), José María Álvarez ("Libro de las nuevas herramientas", 1965) y el propio P. Gimferrer con "Mensaje del tretarca" (1963). Todos estos autores deben ser incluidos con propiedad dentro de las poesía de los sesenta desde la obviedad de las fechas de publicación, no obstante, estos autores no muestran esa voluntad promocional que en su momento exhiben los escritores que estudiamos ni las coincidencias estéticas o temáticas.

Además durante los primeros años de esta década también aparecen importantes obras de autores que ya habían iniciado su obra con anterioridad: Carlos Bousoño ("Invasión de la realidad", 1962), Ángel González ("Grado elemental", 1962), José Hierro ("Libro de las alucinaciones", 1964), Alfonso Canales ("Aminadab", 1965), Gil de Biedma ("Moralidades", 1966), J.A. Valente ("La memorias y los signos", 1966), etc.

Habría que precisar que autores como R. Soto Vergés, adscritos a esta Promoción, comenzó su andadura, como acabamos de indicar, unos años antes, en 1958 con "La Agorera", al igual que Miguel Fernández con "Credo de libertad" y que autores como Vázquez Montalbán y Martínez Sarrión escriben sus primeros libros en 1967 y fueron incluidos dentro de los Novísimos por Castellet. No obstante, como veremos más adelante, hay muchos rasgos contenidistas y formales de estos autores que los adscribirían a la Promoción del 60, a pesar de la evolución especial y novísima de su lírica.

En cambio C. Sahagún y F. Brines, que publican en esta década, son incluidos sistemáticamente en la Generación de los 50 por gran parte de la crítica, porque participarían estéticamente de muchos rasgos de esa Generación, aunque su literatura siga otros derroteros en obras posteriores. Son algunas de las rarezas que se tratan de salvar teóricamente, por rasgos de estilo o el ejercicio de la voluntad poética personal. No obstante, pretender que de la noche a la mañana, con el cambio de la década todo se trastoque es absurdo, la sensación de caos y perplejidad se mantendrá muchos años.

Antonio Domínguez Rey, por su parte, crea una serie de subgrupos en torno a los escritores que producen por estas fechas:

-Primer subgrupo: M. Fernández, R. Soto Vergés, J.H. Tundidor.
-Segundo subgrupo: J. Marco, F. Grande y C. Álvarez
-Tercer subgrupo. Problemática-63 y J. Campal, Claraboya y C. Oroza.
-Cuarto subgrupo: R. Defarges, J.Benito de Lucas, J. Caro Romero y D.J. Jiménez
-Quinto subgrupo: M. Ríos Ruiz, A. García López y A. Hernández.

Añade que la agrupación "no es uniforme. Experimentan todos un cambio notable a partir del segundo o tercer libro. La primera parte es vecina de la generación precedente. La segunda recibe el impacto de la renovación operada por los novísimos desde el año 65 en adelante. Sus obras ilustran, como decíamos, un sistema dentado entre el narrativismo, el poema sustancialmente lírico y un acercamiento mesurado a formas más actuales, novísimas, andalusíes, neosurrealistas o experimentales".

No incluye, sin embargo, este escritor en ningún subgrupo a José Miguel Ullán o Manuel Vázquez Montalbán, autores que a pesar de publicar más tarde participarían en sus primeras obras de rasgos formales propios de esta Promoción.

Es, pues, en este margen de seis años, desde 1960 hasta 1966 cuando surgen las primeras obras de los autores que hemos seleccionado dentro de la Promoción del 60, que por orden alfabético son:

Joaquín Benito de Lucas ("Las tentaciones", 1964), Miguel Fernández publica su primera obra unos años antes en 1958, "Credo de libertad" , Angel García López ("Emilia es la canción", 1963), Félix Grande ("Las piedras", 1964 y "Música amenazada", 1966), Antonio Hernández ("El mar es una tarde con campanas", 1965), Jesús Hilario Tundidor ("Río oscuro", 1960), Diego Jesús Jiménez ("Grito con carne y lluvia", 1961), Antonio Martínez Sarrión -no publica hasta 1967 "Teatro de operaciones"-, Manuel Ríos Ruiz ("La búsqueda", 1963), Rafael Soto Vergés ( "La Agorera", 1958), José Miguel Ullán ("El jornal" y "Amor peninsular" 1965) y Manuel Vázquez Montalbán -como hemos dicho publicará su primera obra "Una educación sentimental" en 1967-.

Pilar Palomo, no obstante, incluye en esta promoción a otros autores como Ana Mª Navales, Clara Janés, Antonio Gamoneda, Joaquín Marco, Luis Jiménez Martos y Antonio Carvajal y, por supuesto, a José Miguel-Ullán que sería incluido por otros críticos dentro del grupo de los Novísimos.

Héctor Carrión en su obra Poesía del 60. Cinco poetas prefe-rentes considera que la Promoción del 60 está integrada por Félix Grande, Antonio Hernández, Diego Jesús Jiménez, Rafael Soto Vergés y Jesús Hilario Tundidor, y los separa en dos bloques diferenciados. En uno de ellos incluye a Tundidor, Soto Vergés y Félix Grande, y en el otro al resto, sin ofrecer ningún criterio teórico que justifique esta división.

Luis García Jambrina observa no obstante que "este proceso de selección, lejos de ser natural y espontáneo -es decir, resultado de factores y con-dicionamientos exclusivamente literarios-, suele ser artificial e interesado -esto es, fruto del criterio y de la imposición de una serie de críticos y editores particularmente influyentes y/o de la acertada estrategia de los propios autores-".

Otros críticos, como José Luis García Martín, está en contra del concepto de promoción para aplicarlo a estos autores, y dice lo siguiente: "Autores como Rafael Soto Vergés, Joaquín Benito de Lucas, Miguel Fernández, Jesús Hilario Tundidor o Antonio Hernández se inventaron así, con ayuda de algunos estudiosos, una supuesta "promoción de los sesenta" que les permitía situarse adecuadamente en la historia literaria". No obstante, García Martín no aporta ninguna argumentación teórica que avale su parecer e incluso logra desdecirse cuando más adelante indica en este mismo artículo que "podría pensarse en un criterio estético para unificar a esos autores, pero no parece que el neobarroquismo y la brillantez expresiva de Ángel García López tenga mucho en común con el intimismo becqueriano y coloquial de Joaquín Benito de Lucas". Razones y rasgos que definen a la Promoción del 60

Sin duda que la obra de los Poetas del 60 supone un avance con respecto a la etapa anterior, un camino intermedio entre la generación precedente y el grupo de los Novísimos. En declaraciones recogidas por García Jambrina, García López declaraba en 1990 que "Desde 1967 he venido preconizando la existencia de un grupo de poetas que, revelados a la literatura en los primeros años de la década de los sesenta, comienzan a sentir la imperiosa necesidad de decir las cosas de otro modo o, al menos no repetir las fórmulas manidas anteriores y, sobre todo, las de la llamada poesía social. No obstante, desde hace unos años lo tengo menos claro en alguno de sus puntos".

Héctor Carrión -que sólo se refería a cinco autores como decíamos- señala entre las características de este minigrupo las siguientes: "eluden la poesía social precedente (lenguaje, sintaxis e ideas) y, de un lirismo inicialmente interior, trascienden a una expresión simbólica de fuerte inspiración personal, con un predominio en el lenguaje exótico en Jesús Hilario Tundidor, barroco en Rafael Soto Vergés, instintivo en Diego Jesús Jiménez, coloquial en Antonio Hernández y directo en Félix Grande".

Desde nuestro punto de vista, los poetas incluidos en esta antología (excluidos los conceptos teóricos de "generación", por ser excesivamente rígido o "grupo" o "década", demasiado laxos o vacuo) formarían parte de una "promoción" de escritores que no sólo tienen una voluntad de integración, al menos en el grupo originario, sino que además coinciden en una serie de contenidos teóricos y estéticos evidentes. Pilar Palomo señala los siguientes:

1. La importancia decisiva de la palabra, rechazando la poesía como simple reflejo de la realidad o como fenómeno de comunicación.
2. Acercamiento de estos poetas a Claudio Rodríguez, José Ángel Valente y Francisco Brines, a los que se aplica el calificativo de "poetas del conocimiento".
3. Búsqueda de la experimentación y el irracionalismo.
4. Tratamiento del tiempo dominado por la acronía, que les proyecta hacia la utilización del mito y del símbolo de filiación culturalista.
5. No se rehúye el tratamiento de la realidad pero se intenta trascendentalizarlo, bien en dirección estética o metafísica.

No obstante, no todos ellos están de acuerdo con esta uniformidad. Entre otros el propio Félix Grande que, a preguntas en un cuestionario elaborado por Héctor Carrión, ante el epígrafe "Situación de este grupo poético: semejanzas y diferencias" responde lo siguiente: "Hablar de mi poesía en relación con la de ellos (se refiere a los cinco poetas reunidos por el crítico: Félix Grande, Antonio Hernández, Diego Jesús Jiménez, Rafael Soto Vergés y Jesús Hilario Tundidor) se parecería más a un tratado que a una respuesta. Y además sería una derrota; en realidad, me daría con un canto en los dientes si me fuese posible descubrir las semejanzas y las diferencias que yo tengo conmigo mismo". Tampoco cree en el grupo como tal Rafael Soto Vergés y apunta en las mismas declaraciones recogidas por H. Carrión que "la poesía de los 60 (sin entrar a valorar sus relaciones estilísticas) tiene la peculiaridad de no ser homogénea, sino heterogénea, complicada en su entraña por las semillas de la insurgencias". En cambio, Antonio Hernández indicaba que se siente identificado con las obras de estos Poetas del 60 porque "participan de las mismas claves y preocupaciones que yo", y Diego Jesús Jiménez profundiza aún más en la respuesta y ofrece una serie de claves importantes, la fundamental, para él, es la trascendencia de la palabra en el poema, muy abandonada durante la poesía social, aunque participan también de esa visión social que tenía la generación precedente.

Antonio Domínguez Rey, por su parte, señala que "el refugio inmediato de varios de estos autores es el neotradicionalismo y el neomanierismo entreverado con aportes , irracionalistas, visibles en formas de J.H. Tundidor, M. Fernández, J. J.Caro Romero, A. Hernández, M. Ríos Ruiz y Á. García López, poetas dotados de espontaneidad y oficio retórico que ofrece formas relevantes cuando se convierte en tema y objeto de la creación misma. A veces se pierden en anécdotas regionales, pero otras construyen un espacio literario propio de indudable atractivo". Por otra parte, destaca dos ideas fundamentales en muchos de estos autores: la vertiente erótica: amor ennoviado y conyugal, y la material, o sea, el tratamiento diferenciado respecto de los autores del cincuenta. Pero, no obstante, lo más destacable de los textos del 60, según el criterio de Domínguez Rey es la tendencia de muchos poemas a desarrollar un núcleo narrativo, entreverado de lagunas líricas. A esto lo denomina para distinguirlo de , cuando la narración es incidental, o sea, cuando se narra el poema mismo. En estos autores prevalece una mezcla de las dos formas, aunque los últimos libros intensifican más el componente lírico. El se impuso posteriormente e incluso evolucionó a novela semilírica, como el caso de J. Llamazares.

En el libro que dedica a gran parte de los miembros de esta promoción, "Novema versus povema" ya citado, indica algunos rasgos comunes, pero sin entrar de lleno en ellos y sin intentar una sistematización: la recreación modélica, el speaking voice (habla común), remodelación manierista en la estructura sintáctica recurrente, trama oracional simple y el conjunto de expansiones progresivas complejo, deseo de novedad y ruptura, "pero sin conseguir una forma sustantiva capaz de retener la intención o cayendo todavía en el estereotipo formal de época", la emergencia de la palabra, valor del discurso poético.

Por su parte, uno de los miembros de esta Promoción, Ángel García López daba su lista de rasgos distintivos que a continuación reproducimos:

1. Atracción por determinadas formas tradicionales, sin despreciar la investigación de nuevas formas expresivas y la experimentación de nuevos ritmos.
2. Culto a la palabra bella.
3. Regreso al mundo de la infancia.
4. Reivindicación de lo nuevo de lo viejo y no lo viejo de lo nuevo.
5. Neosimbolismo.
6. Recuperación de un léxico proveniente del agro, de lo rural y de lo urbano, la flora, la fauna, etc.
7. Vuelta a las raíces del lugar de origen.
8. Admiración por algunos poetas de la Generación del 36.
9. Magisterio recibido de sólo una selección, muy rigurosamente elegida, de autores del 27. (Sin citar a ninguno, pero habría que señalar a Alberti, Lorca y Aleixandre fundamentalmente).

Entre las influencias destacables, en todos se aprecia, según Héctor Carrión, la influencia de autores como Antonio Machado, César Vallejo, Hölderling, Dylan Thomas, Rimbaud, etc. y los poetas españoles más cercanos: Claudio Rodríguez, Blas de Otero, José Ángel Valente, etc.37 Soto Vergés, verbigracia, dice que sus influencias son Fernando de Herrera, Juan Ramón, Neruda, Luis Cernuda, Lorca, Leopardi, Dylan Thomas, Saint Jhon Perse, Jacques Prévert, Eluard, Aragón, René Chard. Hilario Tundidor recibe influencia de Hölderling, Nietzsche, Villon, Wittgenstein, Enzensberger, el rock, el lenguaje puro y natural de los hombres de su pueblo o los neologismos técnicos.

Estamos, por tanto, en presencia de un grupo de escritores suficientemente conocidos, de gran calidad literaria, que figuran en múltiples antologías y en la historia literaria de los últimos curenta años, pero que por ser un grupo intermedio entre los cincuenta y el boom editorial de los Novísimos no han llegado a poseer la relevancia que realmente merecen en las letras españolas de la segunda mitad de siglo.


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[A VECES TE CONTEMPLO]

Ricardo Blanco

A veces te contemplo,
que es mucho más que ver a secas
esos signos tuyos de luz que tientan
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antes de proseguir anónimos su viaje,
sin dejar nota ni aviso;
que es más aún que mirar
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Contemplarte es volcarme
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para aprender el peso de tu ser
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Y permanezco largo rato,
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[ASÍ COMO EL SOL]

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Así como el Sol nos presta su fuego cada día,
sostenedor sublime de la vida,
así nace en mi fuego interno
un pasaje de luminosos sueños
que me aleja de esa cruda e indócil realidad
que hasta viste de tristeza
el latir de la esperanza.

El tiempo pasa muy deprisa,
rumor desapacible que cala en nuestros huesos,
y la primavera, novia espléndida
que ayer me halagaba, se fue retirando
hasta dar paso al viento otoñal.
Pero el Sol sigue saliendo cada día,
hoy como ayer,
dorando las espigas de los campos,
derramando su don fecundo
por la maravillosa arquitectura de la naturaleza.

Así como el Sol hiere la mirada de los dioses,
así fluye en mi alma una inquietante mirada
que huye de la desolación que le producen
esos espíritus que han sido quemados por
su propia ceguera.
Deseo instalarme en la luz perenne
que esquiva las horas ociosas y débiles
de un tiempo mísero y ruín,
y atravesar su dilatada permanencia
haciendo de puente mágico y seguro
en este mundo que me ha tocado vivir.


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